HORARIO DE MISAS

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HORARIO EUCARISTÍAS
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- Asunción: de lunes a sábado a las 19:30h y domingo a las 10:00h, 12:00h y 19:30h.

- Soledad: templo cerrado temporalmente.

- San Francisco: templo cerrado temporalmente.
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HISTORIAL 1er TRIMESTRE

EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ Y VIRGEN DE LOS DOLORES

El miércoles, 14 de septiembre, día de la Exaltación de la Santa Cruz, tendremos la función de la cofradía de la Veracruz y nuestra señora de la Soledad en el templo de la Asunción a las 20:00h.

Al día siguiente, el 15 de septiembre, celebraremos la función de la Virgen de los Dolores también en el templo parroquial de la Asunción a las 20:00h. La Congregación de Ntra. Sra. de los Dolores nos convocan a esta fiesta.

NATIVIDAD DE LA VIRGEN MARÍA

El Señor reveló el pecado original a Israel desde el principio, desde la caída de Adán y Eva (Gen 3). Y los judíos conocieron su propia condición pecadora, congénita a todos los hombres: «En la culpa nací, pecador me concibió mi madre» (Sal 50,7). Pero el Señor, tras la caída, maldijo al diablo en el Edén: «Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer» (3,15). Y al fundar el Pueblo elegido, prometió a Abraham que «serán bendecidas en ti todas las familias de la tierra» (Gen 12,3). Israel, al paso de los siglos, alternando fidelidades y pecados, persevera en la esperanza de un Salvador, de una nueva Eva, que vencerán al diablo.

Espera Israel al Salvador, sí; pero también a su misterioso origen en el mundo, porque sabe que «el Señor mismo os dará la señal: He aquí que la virgen grávida da a luz un hijo, y le da por nombre Emmanuel», Dios con nosotros (Is 7,14).  

El Nacimiento de la Santísima Virgen María

En el nacimiento de María, una luz maravillosa se enciende por fin en la oscuridad del mundo. La Aurora de la Luz, predestinada por Dios, por obra del Espíritu Santo, nos trae al Salvador que viene a «iluminar a  los que están en tinieblas y sombras de muerte, para enderezar nuestros pasos por el camino de la paz» (Lc 1,29).  La primera Eva nos trajo pecado, oscuridad y muerte. La nueva Eva nos trae gracia, luz y vida.

Es lógico que en el Año litúrgico de la Iglesia se celebre la memoria de los santos en el día de su muerte. Es entonces cuando se ha detenido su crecimiento en la vida de la gracia; y cuando pasan definitivamente de la muerte a la vída: es el dies natalis. Solamente celebra la Iglesia el nacimiento de Jesús, de María, y de San Juan Bautista. Celebramos el nacimiento de María porque desde antes de nacer es ya la Llena de gracia, exenta de todo pecado, preservada en total santidad para venir a ser Madre de Jesús. Y celebramos el nacimiento de San Juan Bautista porque fue santificado antes de nacer: «Así que oyó Isabel el saludo de María, se estremeció el niño de gozo en su seno» (Lc 1,41), y quedó purificado por la presencia de Jesús en el seno de María, que estaba hecha una Custodia eucarística.

El nacimiento de María es la gloria de la naturaleza humana

Nacida María según las leyes de la naturaleza humana, y elegida para la Maternidad divina, Ella nos demuestra que nuestra naturaleza no es una natura corrupta, incapaz de recibir la salvación, y menos aún la filiación divina. Por eso canta la liturgia Tota pulchra es, Maria, et macula originalis non est in te… Tu, gloria Jerusalem, Tu laetitia Israel, Tu honorificentia populi nostri… Nacida sin pecado, llena de gracia, en ella, hija de Abraham, del linaje de David, «serán bendecidas todas las naciones de la tierra», porque nos trae al Salvador del mundo. Con  toda humildad y verdad declara de sí misma: «Todas las generaciones me llamarán bienaventurada» (Lc 1,48). Así es, y así será por los siglos de los siglos. Amén.

Como el anciano Simeón toma en brazos al niño Jesús, presentado en el templo, hoy en la Iglesia tomamos en los brazos de nuestra fe y caridad a la niña María recién nacida. Y bendiciendo a Dios decimos: «Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque han visto mis ojos al origen de nuestra salvación» (cf. Lc 2,29).

Sabemos que esta niña tan chiquita va a ser la Madre del Salvador del mundo, la Madre de Dios, la «mujer envuelta en sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas» (Ap 12,1). Texto misteriosamente relacionado con aquel del Génesis : «Ésta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón» (Gen 3,15).